El desafio de confiar en Dios.

Confiar en el Altísimo: cuando la fe se construye ladrillo a ladrillo

En un mundo que corre a toda velocidad, donde las metas parecen alejarse más cuanto más las perseguimos, hay un llamado silencioso que resuena en el alma: refugiarse en el Altísimo. No como quien se sienta a la sombra de un árbol a esperar que todo pase, sino como quien se sujeta con firmeza a los tiempos de Dios, sabiendo que nada se le escapa de las manos.

🌿 El contentamiento que nace de la fe.

Pablo, escribiendo desde la prisión, dejó una joya que sigue iluminando corazones:

“He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias…” (Filipenses 4:11-12).

Este contentamiento no es resignación, sino confianza. Es saber que Dios está presente en la escasez y en la abundancia, en la espera y en el cumplimiento.

🕊️ Jesús: la sabiduría de las sabidurías.

Jesús, con su ternura y autoridad, nos enseñó:

“No se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene ya sus problemas” (Mateo 6:34).

Pensar demasiado en el mañana nos roba el hoy, que será el ayer de mañana. La fe nos ancla en el presente, donde Dios obra, consuela y transforma.

🛡️ Refugiarse en el Altísimo.

El salmista lo expresó con una claridad conmovedora:

“El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso” (Salmo 91:1).

Y también:

“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).

Refugiarse en Dios es un acto de entrega. Es reconocer que sus tiempos son perfectos, aunque no siempre sean cómodos. Es aceptar que la paciencia también es una forma de fe.

🔥 El bautismo del tiempo y la prueba

No importa dónde vivas ni a qué te dediques: todos atravesamos pruebas, injusticias, ansiedades. Todos, en algún momento, somos bautizados por el fuego de la espera, del silencio, de la incertidumbre.

Pero ahí, en medio del valle, se nos recuerda:

“Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

🧱 La fe se edifica como una casa

La fe no es un salto al vacío, sino una construcción diaria.

“Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17).

Cada experiencia, cada lágrima, cada oración no respondida a tiempo, es un ladrillo más en esa casa que estamos edificando.

🌅 El amor en lo cotidiano

Dios nos sorprende. Aun cuando creemos conocerlo, Él se manifiesta en lo inesperado: en una palabra oportuna, en una canción, en un abrazo, en una puerta que se abre.

“Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Si viéramos todo lo que viene, ya no necesitaríamos fe. Pero como no lo vemos, esperamos con esperanza.

🛤️ Elegir el mejor camino

No siempre es el más fácil, pero es el que lleva a la meta prometida.

“Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará” (Salmo 37:5).

 

Conclusión:

Refugiarse en el Altísimo es un acto de valentía. Es elegir confiar cuando todo grita lo contrario. Es vivir el presente con los ojos puestos en lo eterno. Es saber que el que comenzó la buena obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

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