Pasó la Navidad y ya estamos en el último minuto del año. Dejamos atrás lo que fue, mientras pensamos en lo que vendrá para nosotros en el año entrante. En medio de esta vorágine de pensamientos, me descubro rodeado de cosas que debo terminar y cosas que aún debo hacer. Vivimos la locura de cerrar el año como todos: tratando de cumplir aquellas metas que establecimos al inicio. Para muchos, una verdadera proeza 🎯.
Ahora… ¿quién sabe lo que hace Santa Claus, Papá Noel —o Babbo Natale, como le dicen los italianos— durante el resto del año? Todos sabemos lo ocupado que está el 24 de diciembre, pero como mencioné antes… ¿qué sabemos realmente de él? 🎅
Y ahí encuentro un paralelismo con nosotros. Ser papá es algo que solo puede entenderse desde adentro; no es discriminación, es simplemente que los roles materno y paterno funcionan de manera distinta. Mientras mi esposa está conectada a todo lo visible, yo descubro en mis reflexiones matutinas que mi vínculo con lo que le pasa a mi familia opera, como dirían los ingenieros de sistemas, en background: procesos que corren silenciosamente, sin que nadie los note, los vea o interactúe con ellos.
Es algo que he tratado de modificar por muchos años, pero he fallado cada vez que intento cambiar esta estructura que es más que un formato social. Mamá hace todo lo que se ve en la casa: todo está ordenado, limpio, ajustado a su máxima capacidad de sincronización. Las comidas y desayunos listos para que todos lleguen a tiempo a la escuela o al trabajo… eso es visible, no se puede tapar el sol con la mano.
Sin embargo, algo que pasamos por alto es que el automóvil siempre tiene gasolina, los neumáticos siempre están con la presión justa, el aceite nunca envejece y el fluido del radiador se mantiene joven eternamente. Eso simplemente está así. Nadie sabe cómo sucede. Lo mismo con el filtro de la aspiradora 🔧.
No estoy clamando por aire ni buscando reconocimiento; solo describo la realidad. La vida se despliega a nuestro alrededor gracias a engranajes visibles y otros invisibles. El dinero siempre entra a la cuenta del banco y mamá realiza los pagos con los ingresos de la casa. Una cosa es tan importante como la otra. Si dependiera de papá, probablemente todos los servicios se pagarían tarde… o terminarían en pago automático.
Con Dios pasa exactamente lo mismo. Cuando oramos por algo que nos preocupa, reconocemos en Él su grandeza y su poder, su omnipotencia para intervenir en nuestros problemas. Pero además de eso… ¿qué sabemos de Él?
Quizá, al final, el Santa Claus que no conocemos se parece más a Dios de lo que pensamos: alguien que trabaja en silencio, en lo oculto, en lo que nadie ve. Y tal vez nuestra tarea no sea entender cada detalle, sino aprender a reconocer su mano en esos procesos de background que sostienen nuestra vida sin hacer ruido ✨.
