Nuestro tiempo, el Tiempo Perfecto ✨
Hay momentos en la vida en los que uno siente que “ya llegó tarde”, que las oportunidades pasaron, que el tiempo de hacer ciertas cosas quedó atrás. Pero cuando miro la vida de Jesús, descubro algo que cambia completamente esa manera de pensar: Él nunca vivió apurado. Vivió en el tiempo perfecto.
Jesús no empezó su ministerio a los 12, aunque ya asombraba en el templo.
No empezó a los 20, aunque ya tenía sabiduría.
No empezó a los 25, aunque ya tenía autoridad.
Esperó.
Esperó hasta que el Padre dijo: “Ahora.”
Y cuando llegó ese momento, todo encajó.
La cruz tampoco llegó antes ni después.
Jesús murió a los 33 años —según se cree— no por accidente, sino porque era el momento exacto en el que debía cumplir su misión. Antes de eso, varias veces quisieron matarlo, pero la Escritura dice: “Todavía no había llegado su hora.”
Esa frase revela un principio profundo: el tiempo de Dios no se adelanta ni se atrasa. Se cumple.
Isaías lo anticipó, y Juan lo confirma:
A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.
Jesús llegó cuando debía llegar, aunque muchos no lo reconocieron.
El tiempo perfecto no depende de la aceptación humana, sino del plan divino.
Un ejemplo humano: David y la espera del tiempo de Dios ⏳
Si Jesús es nuestro modelo perfecto, David es nuestro ejemplo humano.
Dios lo ungió como rey cuando era apenas un muchacho, pero no subió al trono ese día.
No hubo coronación inmediata.
No hubo reconocimiento instantáneo.
Después de ser ungido, David volvió a cuidar ovejas.
Pasaron años entre la promesa y el cumplimiento.
Años en los que:
- Sirvió a Saúl.
- Huyó por su vida.
- Vivió en cuevas.
- Fue probado en carácter y paciencia.
Y aun así, nunca forzó el proceso.
Nunca tomó el trono por su propia mano.
Nunca empujó lo que Dios no había activado.
David entendió que cuando Dios promete, Él mismo abre la puerta en el momento exacto.
Ni antes ni después.
Y entonces miro mi propia vida.
No estoy para correr detrás de negocios que no me llaman.
No estoy para perseguir oportunidades que ya no me representan.
El tiempo perfecto de Dios sigue vigente.
Él no llega tarde.
Él no improvisa.
Él no se equivoca.
Cuando Dios dice “Ahora”, nada ni nadie puede detener lo que Él ya decidió.
Y cuando dice “Todavía no”, es porque está preparando algo mejor de lo que imaginamos.
Que hoy puedas descansar en esta verdad:
Tu vida está en manos del Dios que nunca llega tarde. 🙏
La vida de David se encuentra desparramada entre los libros de Samuel y Reyes.
