O Capitán! Mi Capitán!

Me distraje un segundo y me quedé mirando un corte de la película La sociedad de los poetas muertos.

La escena de “Oh Capitán, mi Capitán” es muy intensa, muy emocional, pero en realidad no arregla nada. No cambia el sistema. No resucita a nadie.

Pero muestra algo que sí importa: que una semilla de libertad, una vez plantada, no se puede desplantar 🌱.

Exactamente ahí me di cuenta de algo que mora en nosotros.

Todos disfrutamos ver a los jóvenes parados arriba de los pupitres en posición de rebeldía. Como dije anteriormente, la rebeldía no cambia nada… posiblemente sea cierto.

La semilla de la libertad, una vez plantada, no se puede desplantar.

Seguro hay consecuencias, y es el precio de predicar la verdad… el Evangelio… que nadie es bueno y nada es eterno. Que todo tiene principio y fin.

Que el precio de la libertad es inmenso, y que vale la pena pagarlo una y otra vez 🔥.

La vida en libertad del pecado es infinitamente superior a la vida en la carne, porque la carne trae siempre esclavitud; en cambio, el Espíritu siempre libera ✨.

La pregunta es imposible de no enunciarla: ¿estás dispuesto a pagar el precio?

Yo lo vuelvo a afirmar:

“El precio de la libertad es inmenso. Y vale la pena pagarlo una y otra vez.”

Pero muchos quieren cosechar libertad sin sembrar compromiso, sin sembrar acciones proporcionales a la fe que se profesa con los labios.

¿Es esto posible? Nada podemos hacer para llegar a la paz; es decir, para llegar al cielo no hay obra buena que tenga un poder igual al del Evangelio.

Las personas comunes van a la iglesia a tener su momento de paz, pero el Evangelio te declara guerrero de la fe ⚔️, y donde hay un guerrero no puede haber paz.

No es cuestión de ir peleando con todas las personas por el mundo. Dios te va a poner en la batalla que puedas pelear. Eso sí, te lo aclaro por si todavía no lo meditaste: te va a costar.

El Evangelio no es gratis. Tiene un precio enorme, que no se puede pagar con nada físico.

El Evangelio requiere la fe que mueve montañas para caminar la senda de la fe. Está al alcance de todos si de verdad la buscamos.

Lo menciono porque la fe que yo profeso —y mi familia, y muchos como yo— es muy rudimentaria, elemental. No precisa órganos, música, escenarios, luces, viajes ni todo tipo de elementos que no son esenciales.

Te habrás dado cuenta: yo no predico religión. No me interesan las divisiones humanas. Me interesa predicar la verdad. Me interesa dar a conocer el poder que existe en cada uno de nosotros si de verdad queremos ser libres.

El Evangelio de Cristo tiene el poder de cambiar tu vida eternamente ✝️.

Está en cada uno de nosotros animarnos y aprender a aceptar las consecuencias de nuestro caminar, bueno o malo, rápido o lento. Total, este mundo es tan efímero que lo que hoy pensamos que es una tragedia, en un parpadeo será tema del pasado.

El mundo espiritual te prepara para una vida en la eternidad.

No hay atajos en esta senda. Medítalo.

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