🌾 Cuando nuestros planes son buenos… pero no son de Dios

Quiero compartir esto desde la experiencia. No es teoría.

Como toda familia hay veces en que uno pone todo lo necesario y las cosas no salen. Estábamos trabajando muy duro y teníamos muchísima fe. Pero los trabajos no aparecían y estábamos en serias dificultades económicas. Nos congregábamos los domingos por la mañana en una iglesia de habla inglesa y por la tarde en una que hablaban español. En ella era el ministro de canto. Estábamos empeñados en buscar hacer las cosas lo mejor posible para agradar a Dios.

🌿 1. Entregamos todo, pero nada salía bien

Habíamos entregado todo lo que teníamos a Dios. Todo era todo, lo material y lo espiritual.

No estábamos en rebeldía. No estábamos en pecado. No buscábamos nuestro propio camino.

Nuestros planes no eran malos: eran nobles, sinceros, espirituales.

Pero aun así, no salía nada.

Y ahí aprendí una verdad que no se predica mucho:

No todo plan bueno es un plan de Dios.

Y no toda puerta cerrada es un castigo.

🌙 2. Mississippi parecía el cielo

Cuando nos invitaron a Mississippi a ir predicar en español —nuestro idioma madre— sentimos que era una respuesta divina: le habíamos pedido a Dios en oración que nos mostrara el camino porque estábamos perdidos.

Entonces vimos la puerta abierta, lugar cristiano, gente religiosa, oportunidad para servir, ambiente de hermandad.

Parecía perfecto. Parecía la tierra prometida.

Pero la tierra prometida no siempre es lo que imaginamos.

🔥 3. La decepción fue profunda

Lo que encontramos no fue lo que esperábamos. Había religiosidad, Biblia, iglesias… pero faltaba lo esencial: amor, humildad, verdad, conversión real, madurez espiritual, sinceridad, hospitalidad, integridad.

Me di cuenta de algo doloroso: No todo el que habla de Dios está convertido.

Muchos están solo convencidos.

El convencido repite frases. El convertido vive la fe.

El convencido te recibe con palabras. El convertido te recibe con el corazón.

El convencido te cita versículos. El convertido te acompaña en el dolor.

🌑 4. Mississippi fue nuestro desierto, no nuestro cielo

En la última reunión en nuestra casa en Naples Florida antes de partir hacia Mississippi, un hermano se acercó y nos dijo que íbamos a estar casi en el cielo… rodeados de cristianos.

Dios no nos llevó allí para premiarnos. Nos llevó para despertarnos.

Para mostrarnos quiénes éramos, quiénes no éramos, qué es la fe verdadera, qué es la religiosidad vacía, qué es la obediencia sin aplausos, qué es la decepción que purifica.

Mississippi no fue un fracaso. Fue una revelación.

⭐ 5. La enseñanza que quiero compartir hoy.

“A veces Dios te lleva a un lugar que parece cielo, para mostrarte que tu fe todavía necesita desierto.”

Porque el desierto revela, purifica, separa convencidos de convertidos, te enseña a depender de Dios (no de la gente), y te prepara para lo que viene después.

🌾 6. Nuestra historia no es la única, y no es un problema sentir desconexión con el plan que Dios propone.

Nuestro mensaje estaba en Mississippi.

En la expectativa, la decepción, la religiosidad vacía, la diferencia entre apariencia y verdad, la fe que se sostiene cuando todo falla, la obediencia que sigue aun sin recompensa.

Quiero aclararte algo muy importante: esto posiblemente parezca que confunda.

No eran malas personas. Tal vez ellos también se decepcionaron. Tal vez esperaban otro tipo de personas.

En conclusión: no pudimos encajar.

El problema fue que ellos, gente estable con todo planeado, no encajaban con nosotros, que no estábamos atados a nada porque no teníamos nada. Habíamos decidido depender completamente de Dios. Nos habíamos agotado de buscar nuestros mejores planes y no habían funcionado. Entonces sucedió algo que no pensamos que podía pasar, nuestra dependencia a Dios era total y estábamos totalmente indefensos a cualquier cosa, pero Dios nos cuidaba, y nuestra fragilidad se volvió un escudo.

Esa es la diferencia:

una familia nómada predicando el evangelio…

  1. una pareja instalada en un pueblo por 100 años.

No es que uno sea malo y el otro bueno. Es que Dios estaba haciendo algo distinto.

No podíamos encajar porque no había como, y las personas a las que queríamos llegar hablaban de Dios, pero no lo buscaban, nosotros no hablábamos de Él, pero no hacíamos nada que nos desviara del camino que él nos había trazado.

El viaje no termino como esperábamos, fueron cinco años muy duros para nosotros en todo sentido, pero salimos fortificados, mas unidos, salimos vencedores.

Porque aprendimos la lección y conocimos en el medio de nuestro desierto personas maravillosas.

El punto es este:

Hechos 16:6‑10 — Cuando nuestros planes son buenos… pero no son de Dios Pablo planeaba ir a un lugar a predicar… Dios lo envoi a otro lugar.

Apocalipsis 3:7‑8 — Dios abre y cierra puertas soberanamente

“Lo que Él abre, nadie puede cerrar; lo que Él cierra, nadie puede abrir.”

Deuteronomio 8:2 — El desierto revela el corazón

“Dios nos llevó por el desierto… para probarnos y saber lo que había en nuestro corazón.”

Isaías 55:8‑9 — Sus planes no son los nuestros

“Mis pensamientos no son vuestros pensamientos…”

Podemos tener grandes ideas y no ser los planes que Dios ha preparado para nosotros.

Lo más importante que aprendimos en ese desierto no fue teología. Fue reconocer rostros.

El rostro del convencido: habla de Dios, no lo busca. El rostro del convertido: no habla tanto, pero no se desvía.

Mississippi nos enseñó a distinguirlos. Y nos enseñó algo más incómodo todavía: que nosotros mismos habíamos sido, en algún momento, convencidos.

El desierto no es castigo. Es el lugar donde Dios te muestra tu propio rostro.

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