Cuando dejamos de compartir la vida

Cuando el envoltorio es más importante que el regalo. ¿Hay algo peor? 🎁

Hermanos con años de iglesia se han convertido en inspectores de envoltorios, ignorando el regalo que cada persona lleva dentro. ¿Cómo saber quién entra con sed espiritual y quién no? ¿Cómo saber a quién ha puesto Dios en nuestro camino y con qué propósito?

En la primera iglesia evangélica que conocimos había un señor muy amable en la puerta que saludaba a todos los que entraban. Era un greeter, como se les llama en inglés, aunque entonces no sabíamos que se trataba de una tarea asignada. Nosotros, que hablábamos inglés a medias, o como podíamos, le pusimos de apodo Good to see you, porque era lo único que decía. No lo hacíamos con maldad.

Compartiendo el Evangelio 📖

Hoy, veinticinco años después, pienso que ahí estaba precisamente el problema. No era el señor, que cumplía su parte con una sonrisa sincera. Era que la bienvenida terminaba en la puerta. Nos recibían en el edificio, pero nadie entraba en nuestras vidas.

Hace tiempo que en las iglesias se preguntan por qué disminuye el número de sus miembros. Tal vez la explicación es tan simple que se niega a ser aceptada: hemos aprendido a defender la fe, y lo hacemos muy bien, pero estamos olvidando compartirla.

No sabemos quién llega con sed; por eso no podemos limitarnos a inspeccionar. Compartir la fe no es ganar discusiones. Es involucrarse en la vida de las personas. Jesús dijo que el mundo reconocería a sus discípulos por su amor, y el amor exige cercanía: tiempo, escuchar, y tal vez cargar parte del peso que otro lleva. ❤️

Quizá fracasamos porque esperamos que la gente venga al edificio y nos pregunte en qué creemos.

Ayer, hablando con mi nuevo compañero de trabajo, me encontré predicando sin darme cuenta. Le dije: “Más allá de las creencias personales, quien no siembra no puede esperar una cosecha. No es cuestión de religión, es cuestión de principios.” 🌱

No cité un versículo ni gané ninguna discusión. Después de un breve silencio, entendí que, de tanto pensar en esto, había encontrado sin querer la mejor manera de hacer discípulos.

Tan sencilla que se niega a ser utilizada: sencillamente hablar con la persona que ya tengo al lado.

Barry, el famoso Good to see you, terminó siendo mi compañero de pesca. Cuando supo que me gustaba pescar, no me explicó nada: derribó la barrera invisible y en su lugar construyó un puente. 🌉 Yo estudié arquitectura, y lo primero que escuché en la facultad fue que una ciudad se juzga por las barreras que nadie ve. Para nosotros, esa barrera había sido una puerta, y años después fue el mismo hombre quien la derribó. Lo mismo vale para una iglesia. Y también para una vida.

La fe no se transmite principalmente de argumento en argumento.

La fe se transmite de vida en vida. 🤝

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