¿Qué sucede cuando la esperanza deja de impulsarnos hacia adelante y se convierte en el lugar donde decidimos quedarnos?
La esperanza fue diseñada para ser un camino, no un domicilio. 🛤️
Sin embargo, muchas veces terminamos instalándonos en ella.
Esperamos que cambien las circunstancias.
Esperamos sentirnos más preparados.
Esperamos que aparezca la persona correcta.
Esperamos tener más recursos.
Esperamos una señal más clara.
Y mientras esperamos, los años pasan.
Muchas personas están esperando que alguien las ayude.
Un pastor.
Una congregación.
Un misionero.
Una organización.
Un gobierno.
A veces la ayuda llega.
A veces no.
Pero la vida no puede edificarse sobre la espera.
Hay una diferencia importante entre vivir con esperanza y vivir dependiendo de que otros hagan por nosotros aquello que Dios ya puso a nuestro alcance.
Dios abre puertas. 🚪
Nosotros todavía tenemos que cruzarlas.
Muchos oran por oportunidades mientras ignoran las que ya tienen delante.
Esperan una puerta mejor.
Más cómoda.
Más segura.
Más conveniente.
Pero la mayoría de los actos de fe en la Biblia comenzaron con una puerta imperfecta.
Cada domingo estudiamos a Abraham.
Admiramos su fe.
Citamos sus palabras.
Recordamos sus promesas.
Pero a veces olvidamos lo más importante.
Abraham no esperó garantías.
No esperó condiciones perfectas.
No esperó un mapa detallado.
No esperó que Dios respondiera todas sus preguntas.
Él simplemente salió.
Dejó atrás lo conocido para caminar hacia lo desconocido.
La fe no consiste solamente en creer que Dios puede abrir una puerta.
La fe consiste en tener el valor de atravesarla.
Y esa parte suele ser la más difícil.
Porque las puertas representan cambios.
Y los cambios producen temor.
Nos gusta la seguridad.
Nos gusta la rutina.
Nos gusta saber exactamente qué nos espera al otro lado.
Pero la fe nunca ha dependido de la certeza humana.
Siempre ha dependido de la confianza en Dios.
Sí, la Biblia también habla de esperar.
Abraham esperó años por Isaac.
José pasó años en prisión.
David esperó antes de convertirse en rey.
Pedro permaneció en la barca hasta que Jesús le dijo: “Ven”.
Pero observa cuidadosamente cómo esperaron.
Abraham siguió caminando.
José siguió sirviendo.
David siguió obedeciendo.
Pedro escuchó la palabra y salió de la barca.
Esperaron obedeciendo.
Esperaron avanzando.
Esperaron creciendo.
Esperaron trabajando.
Eso no es inmovilidad.
Eso es fe en movimiento. 🚶♂️
Existe una forma de espera que agrada a Dios.
Y existe otra que simplemente disfraza la comodidad.
A veces decimos:
“Estoy esperando la guía de Dios”.
Pero, en realidad, estamos evitando una decisión.
Decimos:
“Estoy esperando el momento correcto”.
Pero quizás solamente tememos dar el primer paso.
Noé construyó. 🔨
Nehemías reconstruyó.
Los discípulos fueron.
Pablo viajó.
Pedro salió de la barca.
Ninguno de ellos tenía toda la información.
Pero todos tenían suficiente para obedecer.
El problema rara vez es la falta de información bíblica.
Más a menudo, conocemos suficientes versículos como para neutralizar aquellos que nos incomodan.
Sabemos acerca de la fe.
Sabemos acerca del servicio.
Sabemos acerca del sacrificio.
Sabemos acerca del discipulado.
El desafío normalmente no es aprender algo nuevo.
El desafío es actuar sobre lo que ya sabemos.
Sé que algunas puertas son pesadas.
La pobreza es real.
La enfermedad es real.
El dolor es real.
La pérdida es real.
Nadie debería ser avergonzado por necesitar ayuda.
A veces pedir ayuda es precisamente el acto de fe más valiente que una persona puede realizar.
Todos necesitamos ayuda en algún momento.
Todos atravesamos temporadas en las que dependemos de otros.
Pero llega un momento en que la pregunta deja de ser:
“¿Qué está esperando Dios para hacer?”
Y pasa a ser:
“¿Qué estoy esperando yo para hacer?” 🤔
Esa pregunta puede ser incómoda.
Porque nos devuelve la responsabilidad.
Nos obliga a mirar las oportunidades que hemos ignorado.
Nos obliga a reconocer las decisiones que hemos postergado.
Nos obliga a admitir que quizá la puerta ya está abierta.
Dios nunca prometió hacer por nosotros aquello que ya ha puesto a nuestro alcance.
Nos da capacidades.
Nos da oportunidades.
Nos da personas.
Nos da recursos.
Y después nos invita a actuar.
La puerta puede no ser fácil.
La puerta puede no ser segura.
La puerta puede no conducirnos adonde imaginábamos.
Pero la fe sigue atravesando puertas.
Porque la fe auténtica nunca encuentra su hogar en la espera.
Encuentra su hogar en la obediencia.
Y la obediencia siempre termina moviéndose.
Si estás de acuerdo con este mensaje, te animo a compartirlo con otras personas.
Hay demasiada gente esperando que alguien más resuelva problemas que Dios ya ha colocado dentro de su alcance.
Tal vez juntos podamos transformar la esperanza pasiva en acción deliberada. ✨
Tal vez podamos convertir la espera en movimiento.
Con amor fraternal,
Alejandro Del Zotto
📖 “La fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma.” (Santiago 2:17)
