Las promesas bíblicas y los dones espirituales ✨

(Cómo comprender ciertos pasajes bíblicos hoy)

Pablo, escribiendo a los hermanos en Cristo en Corinto, abre un tema que sigue generando debates:

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.” (1 Co 12:1)

Luego explica que hay diversidad de dones, ministerios y operaciones, pero el mismo Dios actuando en todos. Y enumera: sabiduría, ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento, lenguas e interpretación.

Este pasaje ha sido usado por muchos para proclamarse profetas, sanadores o poseedores de dones extraordinarios. Pero para comprenderlo correctamente, hay que mirar el propósito y el contexto bíblico de esos dones.

 

¿Qué es un profeta en términos bíblicos? 📜

Profetizar no es simplemente predecir el futuro.

Profetizar es anunciar la voluntad de Dios.

Los profetas del Antiguo Testamento —Isaías, Jeremías, Habacuc— hablaban cuando Israel se desviaba. Anunciaban juicio, pero también ofrecían arrepentimiento. Eran voceros de Dios, no adivinos.

Por eso Pablo advierte a los Gálatas:

“Si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio… sea anatema.” (Gál 1:8)

El mensaje de Dios no podía ser alterado.

Un “profeta” que trajera algo distinto debía ser rechazado.

Cómo habló Dios antes… y cómo habla ahora

Hebreos abre con una declaración clave:

“Dios… en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo.” (Heb 1:1–3)

Antes habló por los profetas.

Ahora habló por Cristo.

Y Cristo delegó su mensaje a los apóstoles, quienes fueron inspirados por el Espíritu Santo:

“Recibiréis poder… y me seréis testigos.” (Hch 1:8)

El propósito del Espíritu sobre los apóstoles fue revelar el evangelio.

Ese mensaje quedó escrito.

Esa revelación quedó cerrada.

Por eso, profetizar hoy “te van a dar un trabajo”, “vas a recibir dinero” o “viene una tragedia”, no coincide con el propósito bíblico del don de profecía.

La necesidad del don en la iglesia primitiva 🕊️

En los primeros años del cristianismo, la voluntad de Dios se transmitía oralmente.

Por eso algunos profetizaban, otros enseñaban, otros ponían orden.

Lucas explica su trabajo así:

“Muchos han tratado de poner en orden la historia… tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron.” (Lc 1:1–4)

La profecía tenía un propósito: ordenar, confirmar y transmitir la revelación que todavía no estaba completa.

¿Y qué pasa con Agabo?

Hechos menciona a Agabo, quien profetizó que Pablo sería atado en Jerusalén (Hch 21:8–14).

Pero incluso allí, Pablo responde:

“Hágase la voluntad del Señor.”

La profecía no era un espectáculo.

Era una confirmación de la voluntad de Dios para su siervo.

Cómo distinguir lo verdadero de lo falso ⚠️

Dios mismo dio el criterio:

“Si el profeta hablare… y no se cumpliere… con presunción la habló.” (Dt 18:21–22)

En el Nuevo Testamento, Pedro ya no habla de profetas para la iglesia, sino de maestros:

“Habrá falsos maestros entre vosotros.” (2 Pe 2:1)

Hoy abundan quienes predican un evangelio de prosperidad, donde los únicos que prosperan son ellos.

No son profetas.

Son comerciantes del evangelio.

La fe ya fue entregada 📖

Judas lo resume así:

“Contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Jud 3)

La fe ya fue dada.

La revelación ya fue entregada.

El mensaje ya está completo.

No necesitamos nuevas profecías.

Necesitamos obediencia, santidad, trabajo espiritual y fidelidad a lo que ya está escrito.

Jesús lo dijo con sencillez:

“Por sus frutos se conoce al árbol.”

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